El sábado 27 de marzo tuvo lugar el primer encuentro del ciclo MIRADAS desde la teología reformada y la diaconía en contextos de pos-pandemia. La iniciativa de AIPRAL busca acercar seminarios y pensamiento académico, iglesias y prácticas diaconales y pastorales, para elaborar un diálogo que nos permita acompañar en esperanza el caminar de nuestros pueblos, en el escenario crítico que exacerbó la pandemia declarada de covid-19.
«Desde que AIPRAL estableció su plan estratégico a partir de la Asamblea de 2016, el principal objetivo de nuestro Comité Ejecutivo fue estar más cerca de las iglesias, presente en sus momentos de crisis, para pensar junto como ser iglesias vitales. Esta pandemia que azota nuestra región y el mundo significa un retroceso de entre 30 y 50 años a nivel económico y social, según algunos especialistas.»
Con estas palabras el Presidente de AIPRAL Rev. Agnaldo Pereira Gomes inició la moderación del encuentro del sábado 27 de marzo, que contó luego con las brillantes exposiciones de la Profa. Dra. Karla Koll, el Prof. Dr. Daniel Godoy y el Prof. Dr. Oswaldo Fernández.
< Exposición del Dr. Daniel Godoy >
< Exposición de la Dra. Karla Koll >
< Exposición del Dr. Oswaldo Fernández >
En el marco de la pandemia de covid-19, la Alianza comenzó, en consulta y colaboración con seminarios evangélicos y ecuménicos del continente, un ciclo de encuentros virtuales para poder dar foco a la situación que viven las iglesias en este contexto, para poder pensar desde la teología reformada y las prácticas diaconales, como dar testimonio de esperanza a nuestras sociedades, nuestros pueblos. Esta serie de 7 encuentros buscan el doble objetivo de generar un intercambio amplio entre liderazgos, profesores, estudiantes y demás personas de las iglesias y los seminarios y fomentar la reflexión sobre la misión y la diaconía de la Iglesia en el continente, a través del diálogo sobre las prácticas y los desafíos, pensando los desdoblamientos proféticos en la sociedad desde una perspectiva reformada.
MIRADAS desde la teología reformada y la diaconía en contextos de pos-pandemia es el nombre de este ciclo para pensar colectivamente nuestras realidades. Desde AIPRAL se identificaron 5 desafíos vitales que atraviesa nuestro continente, plasmados en 7 ejes temáticos. Cada mes, tres personalidades son invitadas a compartir una reflexión sobre un eje temático específico, para luego abrir el debate a las preguntas surgidas desde las y los participantes y enriquecer el intercambio. El encuentro del sábado 27 de marzo reunió a 60 personas para seguir las palabras de Karla, Daniel y Oswaldo. El eje temático expuesto fue: Vitalidad de la Iglesia: Diaconía y Misión.
El Rev. Paulo Câmara M. Pereira Jr., director de teología y misión de AIPRAL, mentor de la iniciativa, fue el encargado de dar la bienvenida y presentar la propuesta. Tras un momento de oración, tomó la palabra el presidente de la Alianza quien llevó adelante la moderación del evento.
El Prof. Dr. Daniel Godoy es rector de la Comunidad Teológica Evangélica de Chile, institución inaugurada en 1964 por diferentes iglesias y que brinda formación teológica y pastoral, con certificación universitaria.
En su intervención, el Dr. Godoy invitó a realizar un paralelismo entre el contexto actual de migraciones forzadas que llegan a Chile y la experiencia de las comunidades perseguidas que aparecen en la primera carta de Pedro. Como orientación, introdujo el concepto de Buen Vivir de los pueblos originarios del Abya Yala, en oposición al vivir mejor del mundo desarrollado donde «muchos tienen que vivir mal para que pocos vivan mejor».
«El buen vivir es más equitativo: en vez de crecimiento contínuo, busca un sistema en equilibrio. En vez de PBI, el buen vivir se guía por asegurar lo mínimo indispensable en proceso de crecimiento o lo suficiente para q la población pueda llevar una vida modesta, pero digna y alcanzar niveles de felicidad(…) En la carta de Pablo encontramos a las comunidades cristianas que sufrían persecución por causa del evangelio. quienes viven esta persecución, buscan igualmente testimoniar su fe inspirados por la ética cristiana, por la diaconía y su capacidad para soportar el sufrimiento. Esto se constituye en un juicio ético para toda la sociedad, en ese entonces sustentada por el imperio romano, en este momento por el modelo neolibreral.»
Godoy señala que en la carta se otorga «categoría de pueblo sacerdotal» a estos grupos migrantes perseguidos, que ya no eran solo judíos como referencia el texto. «El gran anuncio para el pueblo cristiano es que donde quiera que estén, ustedes son pueblo escogido, real sacerdocio». Esto nos lleva a la situación de quienes deben desarraigarse de sus entornos, por la exclusión que genera el sistema neoliberal, y deben emigrar de contextos de penurias económicas y crisis sociales hacia otros rincones del continente.
Muchos «somos forzados sea por exilio, por migraciones, a estar lejos de nuestra tierra, de nuestra patria, de nuestro entorno inmediato. Sin embargo desde la perspectiva de la fe estamos cerca de Dios y somos acogidos por la comunidad continental que se reúne hoy aquí, esta realidad diversa, amplia, diferente, que es la comunidad que formamos en AIPRAL».
«Para el actual momento que vive el continente latinoamericano las epístolas petrinas son fuente de inspiración para la acción: temas como el desarraigo orientan la relectura de estos textos bíblicos, como símbolo de esperanza y liberación: la comunidad de fe es un grupo contestatario a la sociedad de consumo y la injusticia, ante esa sociedad se hace vigente los valores éticos del evangelio, estas comunidades provenientes del Asia Menor acogen a los grupos migrantes y los integran a la familia de la fe, recuperan en alguna medida, el espíritu en la tradición veterotestamentaria de la viuda, el pobre la huérfana y el extranjero. Buscan vivir su fe en el buen vivir.»
La Profa. Dra. Karla Koll es directora de la Escuela de Ciencias Teológicas de la Universidad Bíblica Latinoamericana, ubicada en Costa Rica y con una amplia trayectoria ecuménica y de trabajo en áreas de la justicia social, de género y derechos humanos.
La Dra. Koll tituló su presentación: «Resucitar como Iglesia verdadera en la misión de Dios». Encuentra en el tiempo de cuaresma «una metáfora muy apta para describir este momento de la pandemia. Sabemos que viene más muerte. Viene más muerte, pero podemos visualizar ya el fin de la pandemia. Y esperamos.»
Haciendo un breve resumen histórico del desarrollo del concepto de iglesia desde las primeras comunidades tras la muerte y resurrección de Jesús, hasta las comunidades de la Reforma, enfatizó en las diferentes «notas» que se fueron incorporando y constituyendo su tradición e identidad. «Estas notas son dones de Dios pero por otro lado son tarea de la Iglesia».
«Carlos Van Engen en su libro El pueblo misionero de Dios, ve estas notas no como adjentivos que describen la calidad de un sustantivo, conocido como iglesia, sino como adverbios que describen la acción misionera de la vida esencial de la iglesia en el mundo».
La primera nota es la unidad: «en su discusión sobre la unidad, Calvino comienza diciendo que todos los seres humanos somos creados a imagen y semejanza de Dios. Es la base de la unidad, la unidad de la raza humana. La pandemia nos ha recordado en otra manera que todos somos seres humanos. Porque todos compartimos la misma vulnerabilidad».
Koll trae como ejemplo de las notas en su acción misionera, experiencias del Pastor Juan Rodas de la Iglesia Evangélica Presbiteriana de Honduras, quien encuentra en la pandemia «una educación y transformación al descubrir la unidad en la vulnerabilidad pero más aun las desigualdades que hacen a la falta de unidad como raza humana. (…) Las estructuras del poder económico y político, el imperio denominado en la confesioń de Accra, nos está diviendo. Vemos eso en como la pandemia ha servido a los más ricos del planeta como oportunidad para acumular aún más riqueza y como millones de personas han entrado en la pobreza cada día más profunda: pero tal vez el ejemplo más claro de todo eso es como los países del norte están acaparando las vacunas, y no solo las vacunas, sino el conocimiento sobre como producirlas.»
La segunda nota es la santidad, entendida por siglos como el distanciamiento de lo profano y la separación del resto del mundo. «Hemos visto iglesias que han insistido en seguir haciendo sus cultos igual que siempre, a pesar de la pandemia. En lugar de transmitir vida, los cultos han sido lugar de transmisión de infección y de muerte: que tristeza. Calvino señala que cuando el mandamiento prohíbe algo, también significa que hay que actuar haciendo lo contrario. Entonces no matarás, implica también hacer todo lo que está dentro de nuestro poder para el bienestar del prójimo. Ahí tenemos la justificación teológica para ponernos la mascarilla.»
«¿Qué hizo Dios en la encarnación? Vino al mundo y se identificó con las personas marginalizadas(…)La iglesia vive como fuerza santificadora, para que la presencia de Dios pueda ser experimentada en el mundo. el Pastor Juan dice que la situación causada por la pandemia trajo muchas personas a su iglesia, buscando atención espiritual, oración y consejería. Buscando la presencia de Dios. Esto hizo a la iglesia mucho más sensible a las necesidades de su alrededor.»
La tercera nota es la catolicidad, que no significa universalidad, sino la presencia en muchos y diferentes lugares. Pensar la cristiandad en el siglo XXI donde nunca tantas culturas y sociedades diferentes se identificaron con el cristianismo. «Y cada expresión local es completamente iglesia, pero ninguna es la Iglesia de Jesucristo sin las demás, eso es la catolicidad. Este encuentro mismo es una manifestación de esta, la conexión desde diferentes contextos, la construcción de redes celebrando la diversidad. Espero que no la olvidemos cuando podamos volver a salir de nuestras casas».
La cuarta nota tradicional es el apostolado, y la iglesia apostólica es aquella que permite ser enviada al mundo por Dios. «La Iglesia no tiene una misión sino la misión de Dios tiene una Iglesia». En la experiencia de la Iglesia Presbiteriana de Honduras, la prohibición de viajes a causa de la pandemia impidió que fueran misioneros estadounidenses como todos los años, a colaborar en tareas de reconstrucción y sanidad tras los pasajes de los huracanes. Pero esto no desanimó sino que impulsó a las comunidades presbiterianas hondureñas a gestar una iniciativa misionera y trasladarse a las regiones golpeadas por los huracanes Eta e Iota, para colaborar en la asistencia, alimentaria, médica y demás.
«Entonces, hermanas y hermanos, la iglesia verdadera, la iglesia que reconoce la unidad de la raza humana, que entiende que la santidad le mueve a relacionarse con las personas necesitadas. La iglesia católica, conectada con iglesias en otras partes del mundo. Y la iglesia que permite ser enviada al mundo, es una iglesia viva. La vitalidad de la Iglesia, viene de la entrega a la misión de Dios. El pastor Juan tenía esto muy claro: la iglesia ha crecido porque hemos dado testimonio. ¡Las personas quieren ser parte de la iglesia para aprender como compartir, como socializar las cosas, como ser parte de los herederos de Dios. Como dijo Jesús una vez, la persona, y en este caso podemos decir la iglesia, que quiera salvar su vida la perderá, pero la iglesia, que da su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará.»
La tercera exposición estuvo a cargo del Prof. Dr. Oswaldo Fernández, Director de Posgrado del Seminario Teológico Presbiteriano «Rev. José Manuel Ibáñez Guzmán». Esta institución de la Iglesia Presbiteriana de Chile, cumple 20 años y transita el desarrollo hacia la Facultad de Teología Reformada, con una perspectiva más amplia para la educación académica, la extensión y la formación ministerial.
El Dr. Fernández enfatizó en la contextualización de su presentación titulada «vitalización y eclesialidades». Se aboca a la experiencia de dos iglesias en las que se ha desempeñado, miembros de AIPRAL: la Iglesia Presbiteriana de Chile y la Iglesia Presbiteriana San Andrés, en Argentina. Ambas vienen de tradiciones diferentes, una iglesia de migración escocesa y otra fruto de una misión estadounidense, pero se identifican en la actualidad como iglesias que se autosustentan y se autopropagan. Aparece el vínculo entre vitalidad y revitalización eclesial, a través de la noción de crecimiento. Un crecimiento que implica tensión entre un trasfondo fundamentalista y un creciente interés por ir más allá de lo estrictamente soterológico. Fernández llama «tránsito» a esta dinámica, donde indentifica una búsqueda de la responsabilidad social y política de la iglesia. Encuentra elementos en la historia de los presbiterianismos donde aparece signos de diferentes preocupaciones contextuales, como la influencia de McClurkan en el movimiento de santidad, buscando introducir la cuestión social en las visiones individualistas del movimiento, o el congreso social cristiano de Abraham Kuyper de 1890. Son dinámicas que ayudan a pasar de una ética personal a una social.
«En las corrientes más fuertes dentro del presbiterianismo que busca la vitalización de las iglesias, aparece la corriente de plantación de iglesias, que se origina en el norte. Cuando en los ’80, Tim Keller inicia la búsqueda de plantar una iglesia en Nueva York, desarrolla una congregación homogénea de jóvenes universitarios, desde donde llevar la evangelización y creación de nuevas congregaciones, donde prima un interés particular en la dimensión cultural. Esto se convierte en un modelo que en los ’90 y principios de milenio tiene mucho impacto y produce un fuerte impulso en la revitalización. Pero esto se cruza en el cono sur con una fuerte migración confesional, donde resulta necesario trascender lo estrictamente soterológico: comienza a instalarse una nueva forma de ver lo reformado, incluso para las iglesias previo a este tránsito, que tiene que ver con la misión de Dios. La Misión surge como una temática de interés y gran importancia a nivel sociopolítico.»
«Y aquí voy a una segunda visión de esto, que es la vitalización como un proceso holístico. Esto es, una relación entre vitalidad y diaconía social:como proceso holístico lo vemos como un avance hacia un punto de llegada,donde entran nuestros proyectos, nuestras utopías, que en otros contextos pueden ser más fáciles de manejar, pero que en el contexto al que me refiero, se transita a través de la asistencia compasiva y esperada. Y no siempre se llega necesariamente a lo esperado: los sueños se trastocan con otros sueños. Ivonne Gebara nos dice que estamos experimentando una evolución en forma de mixtura, una mezcla que nos corresponde vivir y reconocer, y yo creo que esta conferencia lee gran parte de lo que en muchos de nuestro contextos eclesiales se percibe. A nosotros nos ha tocado vivir las experiencias de lo que fue la teología latinoamericana de la liberación de los ’70 y los ’80. Gebara señala que estamos necesitando transparentar un desafío pastoral y diaconal en donde tenemos que preguntarnos, a partir de esta evolución mezclada: ¿Cómo se ministra una congregación conervadora desde una pastoral con vocación y visión progresista? Es una pregunta que tiene que ver con la misión.»
Esta pregunta, para Fernández, «sincera el contexto de nuestras iglesias» y da espacio a un nuevo desafío dentro del proceso holístico de la vitalización, la apertura a una realidad religiosa ahora adentro de una multiplicidad de cristianismos. La voluntad de las iglesias de ir hacia una teología pública, una teología política, encuentra manifestaciones de un ecumenismo «distinto y preocupante». Así, identifica el desafío de las agendas ultraconservadoras, y al mismo tiempo, la vocación misional y evangélica, particularmente surgida de la pandemia, de dar respuestas a las situaciones de violencia de género, las canastas de alimentos a personas vulnerabilizadas, incluso la respuesta de jóvenes de las comunidades, que apoyan a ancianos a mantener su vinculación con la congregación a través de la virtualidad.
Tras las tres ponencias, las personas que participaron del encuentro efectuaron una serie de preguntas para profundizar en el diálogo y la elaboración de conceptos que puedan ser trasladados a las diferentes experiencias contextuales.
Agradecemos desde la Alianza de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de América Latina la participación de quienes se interesaron en este primer encuentro, que abre el camino al pienso colectivo, para que la misión nos encuentre en la humilde búsqueda de ser sal y luz de este mundo, en este tiempo de mucho dolor e incertidumbre, pero también de esperanza compartida y perspectivas posibles. El proceso de intercambio será sistematizado y presentado en una nueva publicación que compartirá AIPRAL a través de sus medios.

